La ciencia, a pesar de ser una disciplina intelectual, rigurosa y metódica, que busca explicaciones a los fenómenos mediante leyes verificables (basándose en la evidencia empírica y la lógica), estuvo por largo tiempo vetada a las mujeres. Esta exclusión se basaba en la idea de que el trabajo científico exigía la razón y una educación formal, ámbitos a los que las mujeres no tenían acceso. Además, la visión masculina dominante sostenía que la capacidad intelectual femenina era insuficiente para realizar tales contribuciones.
Por lo anterior, los aportes de las mujeres a la ciencia fueron limitados. Sin embargo, algunos científicos reconocieron su talento y colaboración. Ejemplo de ello son los trabajos de los esposos Curie, ganadores del Premio Nobel de Física en 1903, y de los esposos Cori, quienes obtuvieron el Nobel de Medicina en 1947; demostrando que la investigación científica podía ser un espacio de colaboración y reconocimiento compartido.
El caso más destacado, es el del antropólogo Louis Leakey, quien en 1931 lideró la búsqueda de fósiles que luego aclararon el origen del ser humano en África. Leakey confiaba plenamente en las cualidades del género femenino para desarrollar una gran capacidad de observación y un compromiso firme y sostenido, elementos esenciales para la ciencia y, en particular, para las investigaciones complejas (en su caso con primates). Es así que involucró a tres mujeres en sus estudios de etología sobre los primates: Jane Goodall, Dian Fossey y Biruté Galdikas; dando origen al “Clan Leakey”. Destacado entre otras cosas, por la forma en realizar y compartir sus investigaciones, a las que muchos científicos en su momento, llamaron “teorías “femeninas y absurdas”.
Dichas teorías, eran la descripción de forma anecdótica de las conductas observadas con detalle de los primates, enfocadas en aspectos socioemocionales que en ese tiempo eran desestimados por la comunidad científica predominante, a través de un enfoque más empático y cualitativo; que resaltaba las relaciones sociales y afectivas, y que desafió las normas científicas tradicionales dominadas por hombres.
Inspirado por el legado del Clan Leakey, nace nuestro proyecto “Tortugas con M”, una iniciativa que busca visibilizar el papel fundamental de las mujeres en la conservación la biodiversidad, y en particular de las tortugas marinas; que también incorpora un enfoque diferencial promoviendo la participación activa de mujeres con discapacidad. Una apuesta por la equidad, y el empoderamiento de quienes históricamente hemos sido subrepresentadas en los espacios de investigación, acción y toma de decisiones sobre el ambiente.
Este proyecto es posible gracias al apoyo de ONU Mujeres y el Gran Ducado de Luxemburgo.

Las Quelonias en la Década de los Océanos, es un comic protagonizado por mujeres, inspiradas en las siete (7) especies de tortugas marinas que habitan el planeta, e ilustra diversas manifestaciones de violencia de género que enfrentamos las mujeres en el ámbito profesional y personal.
Cada historia describe no solo el conflicto, sino también las estrategias de mitigación y resistencia que permitieron a estas protagonistas, recuperar su autonomía y reivindicar sus derechos; es una herramienta de concientización y empoderamiento situada en un futuro cercano dedicado a la protección de los océanos.
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